Ayer fue mi cumpleaños. Y fue como un día cualquier, a pesar de sábado. Levantarse, desayunar, hacer las tareas de casa, ir a dar una vuelta con peque, volver a casa y jugar con él, hacer la comida, comer los dos solos, siesta, jugar con él, y por la noche, salimos Papá y yo a cenar e ir al cine mientras Peque se quedaba con mis padres.
Diréis qué suerte, ¡menudo planazo!
Mis otros cumpleaños nunca fueron así... Si caía un día de semana, el sábado hacíamos una gran fiesta, gran comida con tarta en casa de la abuela con toda la familia cantándome el cumpleaños feliz. Después, a la noche repetíamos con los amigos, una cena con super tarta, la casa abarrotada de personas contentas y felices por estar todos juntos. Velas y canciones. Y el día del cumpleaños un no para de llamadas, tarta con velas en casa, los regalos es lo de menos, pero también había. Era un día especial, y como tiene que ser, la cumpleañera se sentía especial.
Pero este sábado fue muy triste, cinco personas me felicitaron por whatsapp, tres en persona (Papá, y mis dos padres). Y se acabó. Mis padres me había comprado algo de ropa hacía unos días.
Ayer mi madre me pidió que le comprara masa hojaldrada, me dije ¡qué bien! Por fin voy a tener una tartita para soplar las velas mientras me cantan el cumpleaños feliz, aunque sea al día siguiente y sin Papá (está trabajando). Ya que a mis tíos, primas y demás familia siempre les hace una tarta de galleta y chocolate por sus santos y cumpleaños. Pero la utilizó para hacer una empanada de lomo que puso de aperitivo.
No puedo quejarme, tengo un marido maravilloso que trabaja mucho para que yo no tenga que hacerlo y pueda criar a nuestro hijo. Tenemos nuestra propia casa. Y podemos salir de noche una vez cada dos meses dejando a Peque con mis padres. No tenemos carencia de nada.
Ayer, fue mi cumpleaños. Ha sido un día triste, no me he sentido especial. La familia se ha desvinculado cuando la abuela se fue. No tengo amig@s. Y no ha sido nada especial, sólo una excusa para salir en pareja.
Aunque debo confesar que mi mejor regalo me llama "Mamá".
Sin duda, los hijos son nuestra razón de vivir.
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domingo, 5 de abril de 2015
lunes, 28 de julio de 2014
#Foto Finde De boda
| Durmiendo en la Iglesia |
A las 12.30 era la misa, faltaba un cuarenta por ciento de los invitados, una señora me dijo que iban directamente al restaurante (¡qué falta de educación!). Peque se portó de maravilla, se quedó dormido la primera mitad de la ceremonia y la otra mitad estuvo comiendo de"curruncho" de pan. Hubo un obispo que se puso a hablarnos de griego y al final de su discurso de veinte minnutos suelta "como los protagonistas son los novios y no yo, prosigamos con la ceremonia". (¡Pues menos mal!) El otro cura se ponía cantar canciones que sólo él sabía y decía "Ahora todos" y seguía cantando solo, mientras los invitados nos reíamos entre dientes. (Si cantas canciones que sólo tú sabes, ¿quién te va a seguir, ¡alma mía!)
Salimos a las 14 de allí para ir al restaurante. Estuvimos con los aperitivos hasta las 16.30. Después nos fuimos al salón, (hacía un frío terrible, que para los hombres que iban de camisa larga y demás, estarían bien, pero algunas como yo que íbamos con vestidos de cóctel, cortos por arriba y cortos por abajo, nos cogía el frío). Unos quince niños iban de mesa en mesa, diciendo "que se besen, que se besen" a los invitados que iban en pareja. (No, nos tocó. Y el beso de tornillo que iba a darle a Papá iba a ser grandioso, que por cierto, había trabajado la noche anterior y sólo había podido dormir tres horas, y al día siguiente le volvía tocar a trabajar). Hasta las 20.30 estuvimos plato tras plato: cigalas, langostinos, vieiras, lenguado, cabrito, y por último, la tarta.
Papá estaba que se caía de sueño, todo aquello era muy aburrido, y llevábamos horas sentados comiendo, con grandes intervalos de no hacer nada, tanto era el aburrimiento que en nuestra mesa había silencios muy incómodos. Le dije que esperaríamos hasta las 21 a ver si habrían el baile, pero llegó la hora y seguían sentados en la mesa hablando con los invitados. Tuvimos que irnos.
Hablé con una amiga que quedó en la boda y que a las 23.30 el DJ los echó del restaurante.
Conclusión: la boda se nos hizo interminable, por lo menos a todos a los de la mesa. Peque hizo la dieta del pan y dormía a ratos hasta que alguien gritaba "¡Vivan los novios!" pero se portó de maravilla, mi bendito niño. Los tres días anteriores a la boda, estuve con gastroentiritis pero no me privé de nada el día de la boda.
Eso sí, la novia iba guapa, guapísima como ninguna. ¡Una princesa en su día!
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domingo, 11 de mayo de 2014
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